Los trabajadores extranjeros sufren más la crisis

Ahora que el trabajo escasea en toda Europa, se producen manifestaciones contra los trabajadores inmigrantes, pero la Unión Europea garantiza la libre circulación de personas

Ahora que el trabajo escasea en toda Europa, se producen manifestaciones contra los trabajadores inmigrantes, pero la Unión Europea garantiza la libre circulación de personas

Hay quien empieza a no ver con buenos ojos la apertura de fronteras en la Unión Europea. Eso de que podamos movernos sólo con enseñar el DNI es muy cómodo, pero mucha gente se ve obligada a coger un avión para quedarse allí donde va, y con tasas de paro que oscilan entre el pleno empleo de Holanda y el casi 15% de España, surgen suspicacias.Muchos trabajadores del norte de Inglaterra se han sumado en los últimos días a la maxiprotesta que se viene produciendo en la refinería petrolera de Lindsey, un pueblo de Inglaterra que empieza a aparecer en los mapas gracias a un tema por el que seguramente no le gustaría aparecer. La bola de nieve fue creciendo, y estamos acabando una semana plagada de manifestaciones xenófobas por toda Gran Bretaña.

Resumiendo mucho, todo empezó porque se contrató a medio centenar de trabajadores portugueses e italianos para una obra, los ingleses se sintieron agraviados y protesta al canto. Lo que tantas veces hemos visto referido a inmigrantes sudamericanos, chinos o del Este, ahora empieza a ser también un problema dentro de las fronteras de la plácida Europa. Y aquí nos dicen que todos somos iguales. Los ingleses dicen que viven peor aunque lleven años de crecimiento económico, y le echan la culpa a los de fuera, que al parecer se comieron su bonanza, y ahora que vienen mal dadas les quieren fuera del país. Y si en el Reino Unido se enfadan con los italianos, en Italia (país con Gobierno no precisamente ‘progre’), se enfadan con los rumanos, que también son europeos, hasta tal punto que el Ministro del Interior ha hecho un llamamiento a la calma. Tema peliagudo que dará que hablar.

Mientras, en nuestro país no tenemos ese ‘problema’, pues ningún europeo en su sano juicio viene hoy a España salvo para tomar el sol y beber sangría, pero un 10% de la población es inmigrante. Es el 10% de personas que han mantenido la natalidad en niveles no alarmantes, y que en muchos casos han ocupado los puestos de trabajo que nadie quería ocupar en tiempos de vacas gordas. Pero ahora, las vacas están esqueléticas.