Otros modelos: Dinamarca y su mercado laboral

Una fantasma recorre Europa, se llama flexiseguridad y tiene encantada a la izquierda liberal. Entre nuestros políticos Solbes y Almunia la recomiendan.

Una fantasma recorre Europa, se llama flexiseguridad y tiene encantada a la izquierda liberal. Entre nuestros políticos Solbes y Almunia la recomiendan.

Llevamos muchos años oyendo reclamar a algunos directivos, como Francisco González, presidente del BBVA, un mercado laboral más flexible. Lo que en román paladino viene siendo igual a despidos baratos. Pero no se cabreen ustedes, ni sean demagogos, porque FG es de los que lo dicen por nuestro bien y además se aplica el cuento: despedirle a él le costaría al banco nada más que 93 millones de euros. Sin duda una flexibilidad envidiable.

A los que no somos amigos de ningún ministro privatizador nos queda conformarnos con la verdadera flexilidad. Eso sí que por lo menos sea como en Dinamarca. Allí el despido es libre, pero el trabajador tiene dos seguridades: cobrará un seguro de desempleo decente y probablemente encontrará trabajo de nuevo. Estado y sindicatos –en Dinamarca la tasa de sindicación supera el 80%– colaboran para formar adecuadamente -no a la hispana- a los trabajadores despedidos.

El modelo tiene ventajas, pero por supuesto algunos incovenientes serios. El primero su coste, que evidentemente es sufragado vía impuestos por las familias ya que la percepción de subsidios se pueden alargar hasta 4 años y con el límite de un 90% del sueldo. El segundo que seguramente la honradez y ética protestante del trabajo danesa casa mejor con el modelo que la ética –disculpen el oxímoron- ibérica. Algunos lo tienen claro.