Las dos caras de la moneda

Me ha resultado curioso leer el mismo día dos historias bastante opuestas sobre cómo llegar de la nada a un trabajo (muy) bueno y al revés, dentro del mismo sector, el inmobiliario.

Me ha resultado curioso leer el mismo día dos historias bastante opuestas sobre cómo llegar de la nada a un trabajo (muy) bueno y al revés, dentro del mismo sector, el inmobiliario.

Hace poco que descubrí quien era Enrique Bañuelos. Es uno de los 12 españoles que sigue estando en la lista Forbes y fue propietario de Astroc. Pues hace poco leía un resumen de su vida contando cómo llego a ser el 95 hombre más rico del planeta, uno de los más importantes (y discretos) de España y cómo llevo a Astroc a lo más alto. Ahora está metido en negocios inmobiliarios en Brasil.

La curiosidad venía porque empezó vendiendo, con algunos amigos, miel y productos derivados en una compañía llamada ‘Miel de Luna’. No sé si por suerte, contactos o que el hombre es muy listo, empezó a hacer negocios inmobiliarios y acabó llegando a la lista Forbes.

El mismo día, en ElMundo.es leía una noticia sobre un hombre que ha estado 20 años trabajando en el sector inmobiliario para diversas empresas y cuando, de repente, su empresa quebró, se fue al paro y no ha podido encontrar otro trabajo desde agosto del 2007. Ahora vende pañuelos de papel en la calle.

Ambos casos son extraños: me cuesta entender, aunque lo admiro porque cualquiera no llega, cómo alguien puede llegar con 43 años a ser tan rico, en poco tiempo y, parece, que basándose en algunos pocos vacíos legales en una ley urbanística. También me cuesta entender cómo alguien, después de 20 años de trabajo, puede acabar así, sin poder encontrar otro trabajo y viniendo de un sector que ha hecho millonaria a tanta gente.