Los secretos de la banca suiza

Suiza acaba de confesar que custodia 1.400 millones de euros en dinero extranjero, en un primer signo de apertura de su férreo e histórico secreto bancario.

Suiza acaba de confesar que custodia 1.400 millones de euros en dinero extranjero, en un primer signo de apertura de su férreo e histórico secreto bancario.

Estos días conocíamos que los fondos extranjeros custodiados en Suiza ascienden a 1.400 millones de euros (cifra exhorbitante, pero yo sinceramente pensaba que habría más). Lo ha dicho el propio Banco Nacional Suizo, que también admite que dicha suma corresponde al 42% del dinero que hay en el país. O sea, que la mitad de los billetes que pululan por Suiza no es dinero de los suizos.

Hay quien lo ha visto como el primer signo de apertura de la secretísima banca suiza, y como tal hemos de alegrarnos. Y es un primer paso tras la flexibilización acordada entre el país helvético, Austria y Luxemburgo, otros estados con mucho que ocultar, y la OCDE. Todo pensando en que la próxima y primaveral cumbre del G 20 ‘para hablar de lo mal que va todo pero de lo mucho que trabajamos en ello’ sea más positiva. Al menos así podrán decir que han hecho algo en todo este tiempo.

El caso es que los ninjas no cejamos en nuestro empeño de denunciar el secretismo bancario y los paraísos fiscales como una de las claves anticrisis, y Suiza en esto se lleva la palma (aunque esté mejor visto meter los ahorros en Ginebra que en las Seychelles, a la hora de la verdad se trata de lo mismo). Repasemos: todo esto del secreto bancario suizo empieza con sus siglos de neutralidad y paz (relativa), lo que les hizo parecer un buen sitio para guardar el dinero. Además, estaban cerca de todos. Hasta principios del S.XX todo esto del secretismo se basaba en un código de honor banco-ricachón, pero en 1934 la cosa se puso seria, convirtiéndose en ley. Hay quien dice que esto se hizo para evitar injerencias del nazismo, por aquellas fechas en expansión y que gustaban de remirar las cuentas de los judíos, muchos de ellos con sus ahorros en Suiza. El caso es que la cosa se fue consolidando, y hasta hoy. Está muy bien que en Zurich haya más bancos que adoquines en las carreteras, pero que nos cuenten qué hacen con el dinero y qué cobran (o no cobran) por guardarlo.