Detienen a Lawrence Salander, el 'Bernard Madoff del arte'

Salander presumía de buen ojo artístico y de impecable cruzada en favor del arte de calidad. Por detrás, revendía, estafaba y se declaraba en quiebra tras gastárselo todo.

Salander presumía de buen ojo artístico y de impecable cruzada en favor del arte de calidad. Por detrás, revendía, estafaba y se declaraba en quiebra tras gastárselo todo.

Lawrence Salander (muy ‘salao’ no es, no) es un galerista ricachón de 59 años acusado de haber estafado por valor de unos 70 millones de euros durante más de una década. Esa cifra récord le ha valido el mote del ‘Bernie Madoff del arte’, pues además utilizaba (¿o utiliza?) el mismo sistema que permitió al estafador más famoso desde los tiempos del tocomocho: el esquema de Ponzi. Este fraude tipo piramidal consiste en pagar los intereses de los nuevos clientes con los euros que inviertieron los antiguos, creando una red ficticia de beneficios que al final sólo beneficia al intermediario, en este caso el asustado personaje de la foto.

También se parece a Madoff en el nivelazo de sus estafados: ya se ha visto a Robert de Niro o John McEnroe llorando por las esquinas, pues eran clientes de este experto en el renacimiento cuya galería neoyorquina fue elegida la mejor del mundo en 2003. Al parecer, a Salander le valía todo: vender obras que no tenía, negociar con derechos que no le habían sido otorgados, engañar con los cobros… Todo ello podría derivar en 25 años de cárcel por ‘robo a gran escala’.

Como suele pasar con este tipo de personajes, la extravagancia inundaba su vida, hasta el punto de tener un jet privado, un edificio de 6 plantas en la zona noble de Nueva York y otro ‘apartamentito’ de 250 metros cuadrados para relajarse en plena Gran Manzana, pero todo ello no le hizo ruborizarse mientras se declaraba en quiebra el año pasado, cuando la policía ya se olía algo he hizo cancelar varias de sus muestras. Además, últimamente se había ganado una fama de Robin Hood del mundillo artístico, dando la razón a las voces incrédulas que no entienden cómo un cuadro del que dudas si está al derecho o al revés vale mucho más que un bellezón del Renacimiento, por ejemplo. Así que se lanzó a una cruzada contra el arte entre interrogantes para salvar el Arte con mayúsculas. Conclusión: le era más fácil estafar con arte antiguo, más difícil de catalogar y más cómodo de vender. Otro listillo cazado. Bien.