La Semana Santa también está de crisis

Esta Semana Santa mejor la vemos por la tele y sin salir a tomar dulces típicos. Los hoteles están más vacios y los nazarenos procesionan menos impecables que nunca.

Esta Semana Santa mejor la vemos por la tele y sin salir a tomar dulces típicos. Los hoteles están más vacios y los nazarenos procesionan menos impecables que nunca.

A esta hora, aún habrá gente reservando hotel en la agencia de viajes, en España somos así, pero parece que ni las suculentas escapadas de última hora van a hacer levantar cabeza a un sector turístico que esta Semana Santa está más ‘de capa caída’ que nunca (y nunca mejor dicho). Hace buen tiempo en casi todo el país, todavía hay nieve en las alturas y siempre hay arte que no hemos visitado, pero la ocupación hotelera no pasará del 75% desde hoy y hasta el domingo, casi un 10% que el año pasado, que hay quien decía que ya estábamos en crisis. Y eso que en tiempos de incertidumbre es cuando más fe se tiene…

Y es que las vacas flacas no entienden ni de tradiciones: los trianeros de Sevilla llevan túnicas hechas a mano con hilo de oro, pero que sobrepasan los 120 euros, por lo que este año apenas se han vendido, y los sevillanos se han decantado por el equivalente en hilo de seda (amarilla, para que no se note) que cuesta apenas 30. Lo mismo pasa con capirotes, guantes y hasta cinturones de cuerda. Incluso hay cofradías que cumplían centenarios y han tenido que retrasar el cambio de vestuario conmemorativo hasta que escampe la crisis. Y tampoco pasa nada por llevar un remiendo. Igual que los zapateros (de oficio, no del Gobierno), los talleres mecánicos y las costureras hacen su agosto con la crisis, los vestidos de nazareno han pasado estas últimas semanas por una sesión completa de chapa y pintura para evitar tener que ser renovados. Más vale túnica arreglada que cientos de euros volando.

Al final, habrá alguna cabeza pensante que adapte el negocio de los chaqués de alquiler a la Semana Santa malagueña, sevillana o zamorana. Alquilamos, y si el año que viene queremos volver a salir, ya lo pensaremos. Bastante penitencia es procesionar durante 8 horas como para además obligar al bolsillo a ponerse de rodillas.