La tasa de ahorro se situó en el 13% en 2008. Un récord

En tiempos de crisis, ahorrar toca. Los españoles lo entendimos muy bien, y ya en 2008 nos apretamos el cinturón hasta cifras no vistas desde 2000. Ahorramos 13 euros de cada 100 que ganamos.

En tiempos de crisis, ahorrar toca. Los españoles lo entendimos muy bien, y ya en 2008 nos apretamos el cinturón hasta cifras no vistas desde 2000. Ahorramos 13 euros de cada 100 que ganamos.

La tasa de ahorro de las familias españolas durante 2008 fue del 13% (de media, unos meses se puede ahorrar más, y otros meses vienen más cuesta arriba). Es decir, que de cada 100 euros que ingresaron los hogares españoles durante 2008, 13 no se gastaron. No ahorrábamos tanto desde el siglo pasado (el S.XX, se entiende).

Eso sí, este aumento se debe más a que ingresamos más dinero (un 7% más que en 2007 de media) que a que gastáramos menos (un 4% menos de media). Y ojo, porque en el último trimestre de 2008 la tasa de ahorro rozó el 24%, lo que quiere decir que dejamos en el fondo de pensiones, la cuenta corriente, en el calcetín, o debajo de la almohada (eso ya va en gustos) casi una cuarta parte de lo que ingresamos. Lo nunca visto, vaya. Eso haría prever un continuismo al alza de la tendencia, lo que equivaldría a que en este 2009 estaríamos ahorrando más que el ‘simpsoniano’ Señor Burns, pero con más de 3,5 millones de parados, y casi un tercio de ellos ya sin subsidio por desempleo, los ingresos habrán bajado tanto en estos primeros 3 meses de año que lo de ahorrar no creo que sea muy posible.

En total, en España se ahorraron más de 93.000 millones de euros el año pasado, mientras que se invirtieron (dinero que no se esfumó, sino que creó riqueza) casi 92.000. Ello unido a lo que los economistas llaman el saldo de transferencias (lo que ganamos o perdimos en conjunto), que fue positivo, hizo que la capacidad de financiación de las familias (el dinerito que pudimos utilizar para mejorar nuestra situación financiera) superara los 6.000 millones de euros. En resumidas cuentas, la gente ya se olía a principios de 2008 la que se nos venía encima, y empezó a poner las barbas a remojar. A partir del verano pasado, las peores sospechas se confirmaron, y ahí ya empezamos a ahorrar todo lo que podíamos y más. De ahí la cara de disgusto de hosteleros, comerciales del automóvil, etc. En 2009, lo de mirar los precios hasta gastarlos también se lleva, con la diferencia de que ahora hay menos dinero que ahorrar, por la simple razón de que, en términos globales, se gana menos dinero.