El negocio de las farmacéuticas con la fiebre porcina

Ahora que la gripe porcina es el tema de conversación más socorrido tras el Madrid-Barça, dediquemos un momento a reflexionar sobre los intereses ocultos bajo los medicamentos anti pandemias.

Ahora que la gripe porcina es el tema de conversación más socorrido tras el Madrid-Barça, dediquemos un momento a reflexionar sobre los intereses ocultos bajo los medicamentos anti pandemias.

Hay negocios que no por rentables dejan de ser éticamente dudosos. Para tratar la ‘gripe porcina’ o ‘nueva gripe’ (nombre aconsejado por la OMS para no dañar la imagen del noble mundillo del ganado porcino, qué ricos los jamones) se recomiendan únicamente dos medicamentos: Osetamivir y Zanamivir, el primero sólo lo fabrica una farmacéutica, es suiza, se llama Roche y la caja en cuestión la vende con el nombre de Tamiflu. El segundo única y exclusivamente lo comercializa la británica Glaxo Smith Kline bajo el nombre de Relenza. El negocio es tan redondo como si una sola empresa tuviera la receta del bocadillo de chorizo. O más.

Ahora es donde me toca hacer de abogado del diablo: Roche llevaba meses cayendo en bolsa, víctima de un sector, el farmacéutico, en pleno debate de adónde vamos y de dónde venimos, fusiones que se hacen pero no y líos con las patentes, habiendo tocado fondo el pasado 9 de marzo. Glaxo Smith más de lo mismo, habían cerrado el primer semestre con más pérdidas de las esperadas. ¿Qué necesitaban las farmacéuticas para levantar el vuelo? Una pandemia. Y aquí está. Ambas firmas acabaron la semana subiendo porcentajes desconocidos desde hace tiempo en la bolsa, Roche por ejemplo alrededor de un 5%, y mañana, más de lo mismo. No seré yo quien afirme, como se afirma en la red, que las farmacéuticas se dedican a crear virus de la misma forma que crean antivirales, más que nada porque si me creyera eso me metería debajo de la cama y no saldría ni para ir al baño, pero es cierto que todo esto de la ‘gripellamalacomoquieras’ debería hacernos reflexionar sobre el negocio de los medicamentos.

Y más teniendo en cuenta que el ya archifamoso Tamiflu también era válido para la gripe aviar, la cual al final se quedó en ‘bluf’, y todos los gobiernos con sus depósitos llenos de pastillas (Roche le vendió 30 millones de dosis a la OMS, que aconsejó que la comprara todo el mundo y Alemania se gastó 150 millones de euros, EEUU más de 50 millones, España unos 2 millones…) que ahora, oh casualidad, pueden volver a utilizar para frenar la ‘gripe del cochino que tosía a los humanos’. Igual que los camareros nos ponen un platito de cacahuetes muy salados para que la sed nos obligue a pedir otra cerveza, el negocio de las farmacéuticas es que tengamos tos, mocos y a ser posible mucho miedo.