Impacto económico de los incendios

Cada hectárea calcinada supone pérdidas patrimoniales, gastos en extinción, vegetación muerta, animales sin cobijo… Un desastre para la vista, y también para el bolsillo.

Cada hectárea calcinada supone pérdidas patrimoniales, gastos en extinción, vegetación muerta, animales sin cobijo… Un desastre para la vista, y también para el bolsillo.

Esta semana que se cierra ha sido la más trágica en cuestión de hectáreas calcinadas en varios veranos. Tras una temporada estival tremendamente positiva para el tema como fue la de 2008, este año el fuego vuelve a arreciar con toda su fuerza, y eso es una pena desde el punto medioambiental, pero también una faena económica de mucho cuidado.

Aunque se ve que no para todos, pues la inmensa mayoría de los incendios son provocados (toda precaución es poca, pero por mucho que se diga, 1.000 hectáreas de pino y matorral no arden así como así), y de esa inmensa mayoría de incendios provocados, la inmensa mayoría son iniciados por gente perfectamente cuerda y sabiendo lo que se hace. ¿Por qué? a menudo porque la tierra en cuestión ya no da mucho de sí, porque lo que se cultiva no da dinero, porque hay seguros muy jugosos detrás… Por el vil metal, al fin y al cabo. Pero para que quizá algún desalmado gane, el país en su conjunto pierde sobremanera.

Para muestra, circulan por Internet varios botones, y recogemos aquí uno: el último estudio de Caixa Galicia sobre el impacto económico de los incendios en los bosques gallegos. Aunque parezca mentira (por lo que llueve y tal), una de las zonas de España más afectadas verano tras verano por el fuego (por aquello de que hay mucha vegetación) es Galicia. En resumen, la entidad gallega dice que la economía de la región perdió entre 248 y 336 millones de euros sólo en el verano de 2006 (trágico para la zona). Y de ese montante, sólo 40 millones corresponden a pérdidas medioambientales, siendo el resto (cerca de 300 millones de euros) pérdidas directas por turismo, gastos de extinción, desastres patrimoniales, etc. A todo esto hay que añadirle que los meses posteriores a que una parcela se queme son desastrosas por todo lo contrario: la falta de vegetación hace que las lluvias no encuentren obstáculos, y las riadas campan alegres. De hecho muchas inundaciones vienen provocadas primariamente por incendios. De aquellos fuegos, estos charcos, podríamos decir. Todos estos datos hacen referencia a la quema de unas 93.000 hectáreas, en un verano especialmente terrible como fue el de 2006, pero es que en lo que va de verano se han quemado ya en toda España más de 42.000. Da miedo pensar cómo acabaremos septiembre…