¿Quién debe pagar la TDT? Dudas entre casero e inquilino

La TDT ya está aquí, y ha venido para quedarse, así que por muy poco que veamos la tele, hay que adaptarse. Eso sí, hablamos de una adaptación a medio camino entre inquilino y propietario.

La TDT ya está aquí, y ha venido para quedarse, así que por muy poco que veamos la tele, hay que adaptarse. Eso sí, hablamos de una adaptación a medio camino entre inquilino y propietario.

Espero (por vuestro bien) que ya todo estéis viendo la tele en digital, porque sino directamente no la estaréis viendo… Para todos los que hayan tenido problemas con la migración desde el analógico de toda la vida, o para aquellos que aún estén en disputa por un ‘quítame tú esos euros’, hay un par de claves que debemos saber para que no nos la den con queso en esto de la TDT.

En primer lugar, la ley en la mano: la instalación de la Televisión DIgital Terrestre supone en todo caso una obra de mejora del inmueble, lo que permite subir el recibo del alquiler, pero la subida sería en todo caso tan pequeña, que o no se contempla o ni se dice, se sube cuando toque redondear el IPC, y listo. Eso sí, si la TDT la pide expresamente el arrendatario, es él el que debe correr con todos los gastos. Eso sí, si el arrendatario no quiere la TDT, el propietario puede cortar la señal total de tv en la casa para no gastar electricidad, etc.

Una vez hecha la instalación, llega el momento de encender la tv, y ¡oh, sorpresa!, necesitamos un adaptador/decodificador para ver la nueva TDT. En dicha disputa, si la televisión iba incluida en el contrato de alquiler, es el propietario el que ha de comprar el aparato que sea menester, mientras que si no es así, no está para nada obligado a comprarlo. Por lo tanto, depende (en la inmensa mayoría de los casos) de si el inmueble ha sido alquilado amueblado (valga la redundancia) o no. Parece lioso, pero en realidad se trata de aplicar el sentido común.

Ahora bien, si hay que adaptar la antena, se ha de considerar gasto de la comunidad sea cual sea el tamaño del edificio, por lo que la derrama que se derive de ello, debe ir a cargo del propietario, no debiendo, eso sí, ‘meter prisa’ el inquilino, que para eso él no va a pagar un duro.