¿Cuándo invertir? Riesgo financiero y tasa interna de retorno

La economía y las finanzas están llenas de gráficas, logaritmos y fórmulas algebraicas. Muchas son de una dificultad exagerada, pero otras pueden resultar de una lógica aplastante.

La economía y las finanzas están llenas de gráficas, logaritmos y fórmulas algebraicas. Muchas son de una dificultad exagerada, pero otras pueden resultar de una lógica aplastante.

No hace falta ser broker en Wall Street para saber que las finanzas se basan en una simple regla de tres: a mayor riesgo, mayor rentabilidad, y al contrario. Partiendo de la premisa de que nunca se puede estar seguros al 100%, debemos saber que la ganancia siempre es más grande si el riesgo de no cobrar esa ganancia, o incluso de perder el dinero invertido, es también mayor. Así, la clave del buen inversor está en saber dónde y cuándo está la mejor relación entre riesgo asumido y rentabilidad obtenida, y a eso se dedica la tasa interna de retorno.

La TIR es una medida muy utilizada en el mundo de las inversiones y que supone el punto exacto de interés obtenido en el que el valor actual neto es igual a cero. Es decir, es un indicador de la rentabilidad de una inversión, cuanto mayor sea, mayor será la rentabilidad. Esto se combina con la tasa de riesgo financiero: dícese de la probabilidad de que ocurra un hecho negativo que dé al traste con la inversión elegida. En este caso, a mayor riesgo, menor probabilidad de hacernos con el dinero prometido, o incluso de perder lo invertido a cambio de nada. La tasa de retorno se mide siempre a largo plazo, mientras que el riesgo financiero ha de calcularse para el corto plazo. La gráfica que pone en relación ambas medidas sería la siguiente:


En este tipo de cálculos se basan las agencias de calificación de riesgos
crediticios (supuestamente, aunque el oscurantismo en torno a estas agencias es inmenso) para poner en jaque a empresas y países enteros. Quizá si la manejáramos con algo de soltura, nuestro dinero nos lo agradecería.