Controlar el gasto con tarjetas de crédito prepago Mastercard

Si somos de los que nos quema la tarjeta en la cartera y siempre acaba echando humo, lo mejor es optar por controlar el gasto desde el principio, poniendo unos límites infranqueables.

Si somos de los que nos quema la tarjeta en la cartera y siempre acaba echando humo, lo mejor es optar por controlar el gasto desde el principio, poniendo unos límites infranqueables.

Todo el mundo sabe, aunque sea a grandes rasgos, qué es una tarjeta de crédito y qué es una tarjeta de débito, pero no está tan claro que las grandes empresas del dinero de plástico nos ofrezcan mucho más. Error. Igual que las grandes superficies comerciales (léase El Corte Inglés, por ejemplo) nos ofrecen tarjetas prepago para controlar nuestro gasto pero a cambio gastar seguro, uno de los dos gigantes de las tarjetas, Mastercard (junto con su gran competidor, Visa) nos ofrece controlar el gasto mediante tarjetas prepago útiles para todo.

La idea es tan simple como útil: no están respaldadas por ninguna cuenta corriente, por lo que en caso de pérdida o robo solo perderemos, en el peor de los casos, lo que tuviéramos recargado. El cliente la recarga con el dinero que quiera y una vez que lo gasta, no podrá pagar nada más. Las hay de un solo uso, de pagar y tirar, o de usos ilimitados, que pueden ser recargados cada vez con una cantidad diferente. Son ideales para que nuestros hijos tengan su primera tarjeta con responsabilidad y sin sobresaltos, o para esos meses en los que apenas llegamos a final de mes. En todo caso, un control del gasto estricto.

Otra gran opción es regalarlas como tarjeta regalo, pues son utilizables en cualquier establecimiento que acepte tarjetas de crédito, y que no solo en los establecimientos de la marca que suele emitir este tipo de tarjetas regalo (por ejemplo las de Zara, solo utilizables en sus tiendas). Son nominales, por lo que necesitamos DNI para pagar, pero se pueden emitir a nombre y datos de cualquier persona.