10 años del 11-S, Estados Unidos y poder económico

El mundo ha cambiado mucho desde los atentados de las Torres Gemelas. Estados Unidos ya no es el líder sólido que parecía que iba a ser siempre, y China parece querer coger el testigo.

El mundo ha cambiado mucho desde los atentados de las Torres Gemelas. Estados Unidos ya no es el líder sólido que parecía que iba a ser siempre, y China parece querer coger el testigo.

Hace 10 años y una semana, la economía de Estados Unidos crecía ejercicio tras ejercicio, incluso después del estallido de la burbuja tecnológica y las puntocom, el barril de petróleo de referencia en América, el barril de Brent, estaba en un irrisorio precio de 28 dólares, y la Casa Blanca presumía de superavit en sus cuentas.

10 años después de los atentados que dieron inicio al siglo XXI, Estados Unidos ha estado al borde de la suspensión de pagos por no saber equilibrar sus números, el Gobierno federal tiene números rojos por valor de 1,6 billones de dólares, el barril de Brent está a 115 dólares y el paro estadounidense está en máximos históricos (para ese país) que rondan el 10%, con un crecimiento económico casi imperceptible desde hace 3 años. Eso por no hablar de la sangría humana y económica que han supuesto los fracasos de Iraq y Afganistán, aún sin cerrar. Estados Unidos parecía en 2001 una potencia imbatible, en 2011 parece una potencia a la deriva. La rebaja en la calidad de su deuda soberana por parte de la agencia (estadounidense) Standard & Poor’s parece la gota que ha colmado el vaso.

Estados Unidos tomó el camino de la Guerra contra el Terror tras el 11-S, una idea que encontró respaldo primero en Afganistán y rechazo después en Iraq, finiquitando el prestigio que podía tener la gran potencia. Años después, el mundo entero se vio contagiado por su desastrosa idea de vender y revender hipotecas subprime empaquetadas en activos tóxicos, y mientras el despertar árabe ha sabido salir adelante sin su ayuda, y el made in China ha pasado de ser sinónimo de chapuza a ser sinónimo de nueva potencia mundial, la segunda del mundo ya por encima de Japón, y dicen que en dos décadas ya habrá adelantado también a los americanos. China ha sabido invertir los beneficios de vender de todo a todo el mundo, y sin hacer ruido (todo lo contrario que Estados Unidos) ha ido ganando influencia en todo el mundo. Hoy todos le deben dinero, y todos necesitan de su producción. Diez años después del 11-S, el mundo no es el mismo, y Estados Unidos tampoco.