¿Qué es una recapitalización? ¿A quién afecta?

Hay palabras que no por mucho repetirse sabe uno qué significan exactamente. También estamos aquí para aclarar dudas sobre esos términos tan necesarios pero tan ininteligibles.

Hay palabras que no por mucho repetirse sabe uno qué significan exactamente. También estamos aquí para aclarar dudas sobre esos términos tan necesarios pero tan ininteligibles.

Desde que la Unión Europea, especialmente la zona euro, se convirtió en el avispero de economistas sin soluciones que parece ser hoy en día, hay algunos términos que han pasado al primer plano de la actualidad. Ya no solo se habla de ellos en la prensa salmón, esa que ahora lee todo el mundo cuando antes no servía ni para envolver bocatas, sino que también es noticia de apertura de la sección internacional a diario y muy a menudo del periódico, Telediario o programa de radio en general. Aquí estamos los ninja para intentar aclarar dichos conceptos, a menudo abstractos. El término estrella de los últimos días: recapitalización.

La Unión Europea obliga actualmente a los bancos y demás entidades financieras a tener un 9% como mínimo de capital de máxima calidad. Como no llegan a ese porcentaje con sus actuales números, el camino para lograrlo está claro: recapitalización. Dícese del procedimiento por el cual una empresa, sea cual sea, aumenta su nivel de capital. En lo que respecta al sector financiero, esto se puede hacer, básicamente, de dos formas distintas: canjeando deuda o bonos en poder de la propia entidad por acciones, aumentando así el valor de la entidad sin tocar demasiado sus balances contables, o vendiendo más deuda o valores de renta variable para conseguir más capital en el corto plazo, pero mayor inseguridad cara al futuro. En este momento, los bancos y cajas (sobre todo BBVA y Santander, los más exigidos porque son entidades gigantes y el 9% de mucho es más que el 9% de poco…) han de optar por la primera y más ‘limpia’ opción. La cosa está tan de moda que hay empresas que ya se venden como expertos en el tema.

Estos procesos lo que consiguen al final no es solo el aumento de capital de la entidad en cuestión, sino un cambio en su estructura financiera, un objetivo mucho más importante que el que suele dar pie a las recapitalizaciones, que es ni más ni menos que hacer frente a nuevas obligaciones en el corto/medio plazo. En el caso de bancos y cajas, toda recapitalización ha de venir de la mano de garantías sobre el nuevo capital creado para evitar que ello influya en el balance ingresos/gastos del futuro próximo.