Diplomacia corporativa, cómo negociar con las instituciones

Estar a bien con el que manda siempre es positivo, y si tenemos una mepresa, puede ser la diferencia entre hacer negocio o no tanto. Hay que saber tratar al sector público.

Estar a bien con el que manda siempre es positivo, y si tenemos una mepresa, puede ser la diferencia entre hacer negocio o no tanto. Hay que saber tratar al sector público.

Lo público y lo privado cada vez están más unidos. Por un lado, lo público se privatiza en sentido estricto, creándose empresas y entes de la mayor variedad para, supuestamente, responder de forma más ágil a las demandas del pueblo. Por otro lado, las empresas siguen necesitando de los poderes públicos en su día a día, ya sea por las subvenciones que reciben, por los papeleos que estas últimas les obligan a rellenar cada cierto tiempo, y por lo siempre aconsejable que es ser bien recibido en los altos despachos. Así, la llamada diplomacia corporativa tiene cada vez más tirón, cada vez es más imporante desarrollar una estrategia de posición y reputación de nuestra compañía ante los poderes públicos.

Dado que los poderes públicos es el regulador, debemos saber manejarlos en favor de nuestros intereses. Normalmente esta tarea debe desempeñarla directamente el presidente de la empresa, o al menos un alto directivo con voz y voto importante en la compañía, pues al buscar llegar lo más alto posible en la jerarquía pública, cuando más alta sea la jerarquía del que llama a la puerta de su despacho, mayores opciones de éxito tendremos. Para tener éxito en esta tarea, debemos ejercer un papel activo, no reactivo: no debemos esperar a que haya una normativa, ley o tendencia concreta que nos perjudique para entonces ‘hacer lobby’, sino ir allanando el camino para que esas malas noticias no lleguen nunca a producirse. De lo bien o mal que negociemos con las altas esferas dependerá en buena medida nuestro resultado a final de mes, por lo que la estrategia debe ser sostenido con objetivos claros y plazos marcados.

Administración, comunicación y relaciones personales se mezclan en una tarea a veces oscura, y en la que la ética suele estar siempre muy presente. No se trata de agasajar al político de turno, sino de demostrar con nuestros números y comportamiento que lo que buscamos es positivo no solo para nuestra empresa, pues es un argumento que solo a nosotros nos interesa, sino a toda la comunidad. Si logramos que nuestros intereses sean los intereses de la comunidad que gestiona el gobierno de turno (ya sea a nivel sobre todo local, pero también autonómico, nacional o europeo), habremos ganado la batalla de la diplomacia corporativa.

Y para saber más, lo mejor es especializarse, por ejemplo con el curso en geoeconomía y estrategia internacional de la universidad San Pablo CEU.