¿Qué es el factoring? Cesión de riesgos crediticios e impagos

Hay alguien dispuesto a pagar tus facturas por ti. Lamentablemente, no va a hacerlo gratis. Pagar para que paguen por nosotros, eso es el factoring a grandes rasgos.

Hay alguien dispuesto a pagar tus facturas por ti. Lamentablemente, no va a hacerlo gratis. Pagar para que paguen por nosotros, eso es el factoring a grandes rasgos.

La crisis es tan profunda que ha obligado a todos a agudizar el ingenio. No solo a los que no llegan a final de mes para intentar llegar, sino también a los que quieren sacar tajada con nuevos negocios y fórmulas financieras. Si además encuentras un término inglés que se adapte a lo que propones, el éxito está casi asegurado. Eso es precisamente lo que está pasando con el factoring.

Por factoring entendemos la cesión de facturas y pagos atrasados a una empresa financiera especializada en sacar a flote compañías con problemas. Nosotros le pagamos una comisión y ellos a su vez se hacen cargo de los posibles impagos mientras encuentran la manera de hacerles frente, es decir, mientras encuentran solvencia para nuestra empresa. Al final pagaremos algo más de lo que ya debíamos, pues habremos de hacer frente a las facturas y créditos del corto plazo más la comisión que nos pida la empresa financiera en cuestión, pero a cambio probablemente tendremos la única oportunidad de reflotar nuestra maltrecha compañía. La idea es simple: nosotros traspasamos, ponemos a nombre de esa empresa intermediaria aquellas facturas y créditos contraídos que, por el poco tiempo que queda para que venzan o el mucho tiempo que ha pasado desde que se emitieron, puedan ser un problema. Esa empresa intermediaria nos paga al instante el total del dinero que habremos de pagar menos una pequeña cantidad que es lo que ganan ellos en forma de comisión. Nosotros ya no pagamos esas facturas y créditos que debemos, sino que es la intermediaria quien lo hace, y es entonces la empresa intermediaria la que se encargará de buscar su propia financiación para cubrir el agujero que le hemos dejado.

Es una solución casi desesperada, y que en el fondo solo nos crea una nueva deuda, pues pagaremos más sin ganar nada, pero a menudo es la diferencia entre seguir a flote o hundirnos.