Iniciativa Legislativa Popular sobre desahucios y ley concursal

Declarase en quiebra puede ser la mejor solución para no ser desahuciado, siempre y cuando cambie la actual ley inmobiliaria para adaptarla a la lógica empresarial.

Declarase en quiebra puede ser la mejor solución para no ser desahuciado, siempre y cuando cambie la actual ley inmobiliaria para adaptarla a la lógica empresarial.

Tras una semana convulsa, parece que el Parlamento tendrá a bien negociar sobre la Iniciativa Legislativa Popular que pide regular (y terminar con) los desahucios. Básicamente, esa iniciativa busca la dación en pago retroactiva para que nadie más se quede en la calle, pero hay expertos que dicen no estar de acuerdo con que esta medida vaya a ser positiva para la sociedad en su conjunto. Y proponen una solución viable.

La solución no es nada nuevo, además, sino la famosa ley concursal. Pocos lo saben, pero en este país también el concurso de acreedores (o ley concursal) está disponible para las familias, para las personas individuales. Si no podemos pagar, podemos declararnos en quiebra y que un juez decida qué pasa. Pero tiene trampa: las hipotecas (créditos hipotecarios) no entran dentro de esa ley concursal para personas físicas (para empresas, personas jurídicas, sí). Es decir, si nos declaramos en suspensión de pagos entramos en ley concursal, pero los impagos que debamos de nuestra hipoteca, esos no entran en la ley concursal. ¿Para qué sirve una ley que no cubre la inmensa mayoría de problemas a los que alude?

Por lo tanto, la solución sería sencilla: meter las hipotecas en el supuesto de ley concursal. Con ello, el desahuciado no sería tal, pues no se podría echar de su casa a nadie, sino que sería un juez el que determinara qué debe pagar y qué se puede olvidar de cobrar el acreedor, en este caso el banco que da la hipoteca. Aunque parezca difícil, con esto ganan todos: el banco cobraría al menos una parte de la hipoteca que le debe la persona, en vez de ganarse (como pasa con la dación en pago) otro piso vacío más, precisamente eso que le sobra. A su vez, la persona seguiría viviendo en su casa, pero obligado por un juez a poner en orden sus cuentas para pagar el máximo posible a ese acreedor suyo en forma de entidad financiera.